Ray Bradbury es un escritor oriundo de Estados Unidos y uno de mis preferidos. El hombre ilustrado y Crónicas marcianas son otras obras suyas de ciencia ficción de calidad destacable.
En cuanto a esta novela: fue publicada en 1953 y en un estilo literario impecable y refinado, nos adentra en un mundo futurista y distópico. La distopía es algo usual en el género de la ciencia ficción, y básicamente consiste en mostrarnos mundos no deseables, pero que podrían llegar a existir, porque están regidos con el mismo sistema de ideas que el nuestro. Por lo tanto, siempre hallaremos una manera de criticar, denunciar, reflexionar sobre nuestra sociedad. En otras palabras, quitarle el velo y ver lo que se oculta detrás de ella.
En esta distopía, se hace alusión desde el título, a la quema de libros (el nombre es en realidad el momento en que los libros arden, medido en grados farenheit). La trama gira en torno a Montag, un bombero del futuro, que como todos los demás, ya no se dedica a apagar incendios, dado que la alta tecnología a creado casas y objetos a prueba de ellos. Su trabajo, irónicamente, ahora consiste en generarlos: por orden explícita del gobierno, debe quemar todos los libros que encuentre a su paso. Esto cambia cuando conoce a Clarisse, quien le hace cuestionar toda su vida, incluyendo su matrimonio.
A través de esta obra conocemos lo que sería un mundo sin cultura, signado por la superficialidad de los malos contenidos de los medios de difusión como la televisión. Una vida sin inteligencia, sin pensamiento, sin conocimiento.
Pero Ray Bradbury no inventó nada, podría decirse. Es que podemos rastrear momentos históricos reales en los cuales se quemaron libros, como ocurrió en la Segunda Guerra Mundial, y otros en los que muchos fueron censurados, como ocurrió en nuestro país en las dictaduras militares. Como dice el dicho: "El conocimiento es poder". Y no en vano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario