Una buena historia de piratas, sino la más famosa, es la escrita por el inglés Robert Louis Stevenson, publicada en 1883, bajo el título de The sea cook, or the treasure island (El cocinero del mar, o la isla del tesoro).
Nos relata cómo Jim Hawkings, un adolescente que atiende una posada junto a su madre, se embarca en la búsqueda de un tesoro. Esto ocurre tras encontrarse con un pirata que al fallecer gracias ala bebida, deja el mapa del lugar donde está enterrado el legendario botín del pirata Flint (un personaje histórico verdadero).
Jim pasa de cocinero, a grumete en un barco repleto de piratas, de los cuales aprenderá a no fiarse. Luego de grumete pasa a convertirse en un verdadero pirata inteligentísimo, logrando superar un montón de situaciones que los más experimentados no.
Es una historia de aventuras que además contiene una reflexión del escritor sobre la ambición por el dinero.
Cabe mencionar además, que los piratas reales jamás enterraron tesoros, en lugar de eso, solían malgastar el botín apenas conseguido, una vez que se hallaban en tierra firme. Y solo en el caso de que fueran independientes, en el de los corsarios, debían entregarlo mayoritariamente a la corona y quedarse con una pequeña porción. A veces trocaban el botín por títulos y tierras. Así que la vieja idea de los piratas de pata de palo, parche en el ojo, con loro de mascota y que además entierran tesoros, le debe mucho a estas historias literarias de ficción.
La versión más curiosa en cine que conozco, es la de El plantea del tesoro. Fue un lanzamiento en animación de Disney, del año 2002, que combinó las aventuras de piratas con los viajes interestelares propios de la ciencia ficción.

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